
Nuestra gran aventura ha
comenzado bastante de madrugada, donde los cantos de un Imán de una mezquita
cercana me han despertado a las 4.30 de la mañana, en su llamada a la oración. No
solo me han despertado, sino que han perturbado de tal manera mi sueño que ya
no he vuelto a dormir. Ha sido una locura, pero no exenta de autenticidad y
romanticismo. Aunque empezar las vacaciones cansado….
A primera hora, y con un sueño
increíble, hemos cogido el autobús que nos llevará hasta el mar muerto por la
carretera del mismo nombre. Venir a Jordania y no visitar el mar muerto debería
estar estipulado como delito.
Conocido en la biblia como mar de
sal, esta masa de agua le hace honor a su nombre. Dado el alto contenido en
minerales, nada puede sobrevivir en sus aguas.
Flotar en el mar muerto, es una
de las experiencias naturales más increíbles del mundo. Nunca antes había
experimentado algo así. He intentado sumergirme premeditadamente y ha sido
imposible, he sido un hombre boya, prácticamente te quedas de pie dentro del
agua, pese ha no tocar el fondo. El alto contenido en sal de este mar impide
casi hasta nadar, en esta agua tan viscosas, situadas bajo el nivel del mar en 415 metros , el lugar más
bajo del mundo.
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Baño en el mar muerto |
El lugar no es que sea muy
bonito, ya que no es belleza precisamente lo que puede atraer al visitante. Es
un lugar donde el sol llega a temperaturas extremas sobre todo en los meses de
verano, su calor llega a asfixiar. Existen hoteles y balnearios ya que es la
única manera para poder bañarse. Todo esta regido por balnearios donde se debe
pagar 15 dinares para poder entrar, en su interior podemos bañarnos en el mar o
en piscina, tienen además duchas y está acondicionado para pasar un día de “playa”
del Mar Muerto. En resumen es un lugar para turistas que desean experimentar el
poder bañarse en estas aguas y por supuesto nosotros hemos sido uno de ellos.
Ha sido todo relax, pero después
de las 15 horas de viaje de ayer, y de no haber pegado ojo esta noche, creo que
mi cuerpo lo necesitaba.
Se nota que es un lugar
conflictivo, ya que se trata de la frontera con Israel y los territorios
ocupados de Palestina. Nos ha pasado un caza tan cerca, que incluso el piloto
nos ha saludado. No corren buenos tiempos para la paz.
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Atardecer en Ammán |
Para llegar hasta aquí por la
carretera del mar muerto, debes de bajar una gran cuesta de varios Km. de longitud.
Ha sido toda una odisea, tanto la ida como la vuelta. Al ir, derrepente se ha
empezado a notar un olor extraño, y es que debido al calor, a la inclinación de
la carretera, y al autobús en el que íbamos (en 1980 ya era viejo) se han
recalentado los frenos. Por suerte lo único molesto de esto ha sido el olor. Pero
a nuestra vuelta, lo que se ha recalentado ha sido el motor. Ha sido
interesante, por decirlo de alguna manera, ver como lo enfriaban. Se ha bajado
del autobús el chofer y a comenzado a echarle pozales de agua al motor, así a
lo burro y en mitad de la carretera, jugándose el físico. Increíble, pero hemos
llegado a Ammán.
Sobre las 18 horas de la tarde, y
después de regatear con un taxista, hemos ido al centro de Ammán, que
aún no lo conocemos. Aunque a decir verdad, el taxista nos ha llevado a nosotros, y a la mujer que ya iba dentro del mismo cuando nosotros lo hemos parado. Por lo que yo sé, algo muy común en países árabes.
aún no lo conocemos. Aunque a decir verdad, el taxista nos ha llevado a nosotros, y a la mujer que ya iba dentro del mismo cuando nosotros lo hemos parado. Por lo que yo sé, algo muy común en países árabes.
No hemos hecho gran cosa, ya que
es un poco tarde, y preferimos ver la ciudad más detenidamente por la mañana. La
primera impresión de la ciudad ha sido de un caos controlado. Pero eso sí,
controlado por ellos.
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Mercado callejero Amman |
Ha sido un paseo interesante, ya que
hemos estado en una especie de zoco de fruta, donde nos hemos comprado unos plátanos.
Todavía no hemos comido.
Sobre las 20 horas hemos tomado
otro taxi, esta vez solos, para retirarnos al hotel. Ha sido un viaje
rocambolesco y extraño. El taxista nos ha parado primeramente en una gasolinera
para repostar. A continuación se ha parado a hinchar las ruedas. Más tarde, ha
tenido que preguntar a otro taxista, como se llegaba hasta nuestro hotel, y al
cabo de un rato, como no sabía llegar, ha parado en un hotel para preguntar
como ir a nuestro destino. Por increíble que parezca, finalmente llegamos.
Menos mal que habíamos pactado el precio con anterioridad, porque si llega a
poner el taxímetro en marcha, nos arruina.
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Especies |
Tras disfrutar de unos platos típicos
jordanos, en el buffet del hotel, los jordanos saben comer, si señor, nos hemos
tomado tranquilamente unos tes en el salón del hotel mientras escribimos el
blog repasamos el día, y analizamos detenidamente la guía de viajes, para saber
que nos encontraremos mañana.